Así fue nuestra lunada: a caballo de noche por Riaza

La primera lunada salió mejor de lo que esperábamos. Cenamos a las nueve y media en La Encantada, montamos pasadas las diez y volvimos a las once y media, con la luna ya alta y varios galopes en el cuerpo. Éramos menos de diez. Así fue esta ruta a caballo nocturna en Riaza, por si te apetece la próxima.

Primero se cena, y no es un detalle menor
Empezamos a las 21:30 en el Hotel Rural La Encantada, en Becerril. La cena la lleva cada uno: se pone todo en la mesa y se cena en grupo antes de montar. Suena a poca cosa y resulta que es media experiencia.
Porque llegas, dejas el coche, te sientas y empiezas a hablar con gente que no conocías de nada. Cuando una hora después estás subido a un caballo en mitad del campo, ya no vas con desconocidos.
La salida: cuando se apagan las luces del coche
Montamos pasadas las diez. Los primeros minutos son raros y hay que avisar: sales del patio, se acaba la luz de las cuadras y durante un rato no ves prácticamente nada.
Es normal. La vista tarda entre diez y quince minutos en acostumbrarse a la oscuridad, y a partir de ahí empiezas a distinguir el camino, las siluetas de los árboles y la sierra recortada al fondo. El que aguanta sin mirar el móvil llega antes a ese momento.
El caballo, mientras tanto, va tan tranquilo. Ve mucho mejor que tú de noche y encima conoce el camino de sobra.
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Sí, se galopa
Esto es lo que más sorprende: no fue un paseo al paso. Salimos al campo y galopamos en varios tramos, en los sitios donde el terreno lo permite y donde sabemos exactamente lo que hay.
Galopar de noche no se parece a galopar de día. No ves el suelo, así que dejas de mirar y empiezas a sentir: el ritmo, el aire frío en la cara, el sonido de los cascos de todo el grupo a la vez. Cuando paras, nadie dice nada durante unos segundos.
Aun así, el ritmo lo manda el grupo. Si alguien no galopa o no se siente cómodo, se va al paso con uno de nosotros al lado y no se pierde nada. Lo que no vale es apuntarse sin haber montado nunca: para eso están las rutas de iniciación, que son de día y se aprende a trotar por el camino.
La vuelta, y la parte que no sale en las fotos
Volvimos a las once y media. Y lo que más se comentó a la vuelta no fue el galope: fue el silencio.
De noche el campo suena distinto. Se oyen los cascos en la tierra, algún animal moviéndose entre la maleza, el resoplido del caballo de delante. Y arriba, con la vista ya hecha a la oscuridad, un cielo que en Madrid no existe.
Eso último no es casualidad: la sierra de Ayllón es Destino Turístico Starlight certificado, una acreditación que se da a los lugares con calidad de cielo nocturno y compromiso de protegerlo de la contaminación lumínica.
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Lo que aprendimos para la próxima
- Abrígate más de lo que crees. Aunque de día haga calor, en cuanto se pone el sol la sierra refresca, y encima de un caballo se nota el doble.
- Calzado cerrado con algo de tacón y pantalón largo cómodo. El casco lo ponemos nosotros.
- Chaleco reflectante, que llevamos para que el grupo se vea entre sí. Se lo damos a quien no traiga uno.
- Nada de linternas ni de pantallas encendidas durante la marcha. Una luz blanca en la cara le echa a perder la visión nocturna a todo el grupo durante un buen rato. Las fotos, en las paradas.
- Ven sin prisa. Entre la cena y la vuelta se van más de tres horas. No es un plan para meter con calzador antes de otra cosa.
¿Habrá más lunadas?
Sí, aunque no con calendario fijo. Las convocamos de vez en cuando, siempre en fechas cercanas a la luna llena y con plazas limitadas: fuimos menos de diez y así es como funciona bien.
Si te interesa, dínoslo y te avisamos de la próxima antes de publicarla. Y si sois un grupo —un cumpleaños, una despedida, una salida de empresa— podemos montarla solo para vosotros; eso lo llevamos por eventos.
Mientras tanto, aquí seguimos todo el año: clases de salto y doma, rutas de día por la sierra y pupilaje para quien tiene caballo propio.
Preguntas frecuentes
¿Te avisamos de la próxima lunada?
Escríbenos y te apuntamos a la lista. Te decimos la fecha antes de publicarla, porque las plazas son pocas.
Javi